Gisel Roldan

Yo soy parte de la Obra

Gisel Roldan
Responsable de Atención al Peregrino

Yo bailaba folklore y tengo recuerdos de que a los diez años venía a bailar a la Obra. Y me gustaba tanto, tanto la escuela, los edificios, todo lo que veía, que les pedía a mis papás que me trajeran a clases aquí. “Yo quiero ir a la secundaria del Padre Mario” les repetía a mis padres una y otra vez.

Y ellos me decían que no sabían si podrían, no me querían generar demasiadas expectativas. Pero finalmente pude comenzar 1º año y yo me sentía feliz y afortunada por la posibilidad. Hasta que en 3º año mis padres ya no pudieron mandarme y me cambié a una escuela estatal cerca de casa.

Hasta que un día encontré a la profesora Mary Ruina en el colectivo y me instó para que viniera. Aquí me recibió Marta Aliendro y al otro día ya estaba de nuevo en la escuela que tanto amaba. Y fue así como empecé a participar como voluntaria de todas las actividades de la Obra, y hasta venía los fines de semana. Siempre acompañada por una emoción increíble por poder participar de la vida de la Obra. Había días que venía a la escuela a la mañana temprano y desarrollaba acciones voluntarias y llegaba a casa al atardecer.

Cuando egresé de la secundaria conseguí una entrevista de trabajo en una empresa. Les interesó particularmente mi experiencia adquirida en la Obra como voluntaria y debía empezar un lunes. Pero el día anterior me llamaron de la Obra para una entrevista laboral, no dudé ni un segundo, renuncié al otro trabajo antes de empezar y aquí estoy.

En la Capilla Cristo Caminante me casé, aquí bauticé a mis hijos. Los mejores recuerdos de mi vida adolescente y de adulta los tengo aquí adentro. Aquí conocí a muchos de mis amigos, aquí aprendí gran parte de lo que sé.

No puedo imaginarme mi vida sin la Obra, me siento parte y con mucho orgullo. Y guardo en mi corazón un recuerdo de pequeña: yo era muy chiquita, venía caminando y lo vi al Padre Mario cerrando el portón de la calle que ahora se llama Pantaleo. Fue la única vez que lo vi. El tiempo, la poca edad que tenía, borraron el recuerdo de las palabras que cruzamos, pero su imagen caminando hacia mí no se me borrará jamás.