Alfio Licata

Alfio Licata
Director de la Escuela Secundaria
Nuestra Señora del Hogar

Nací en una familia de padres italianos, yo soy el may

or de tres hermanos. Hice la escuela primaria en el Colegio Parroquial de San Justo y la secundaria en Nuestra Señora de Fátima, en Lomas del Mirador. Hace 28 años que estamos casados con Mónica y tenemos dos hijos, Matías y Leandro. Hace tres meses debuté como abuelo.

Me formé como Profesor de Teología en el Instituto Santa Catalina de Siena y más tarde como Profesor de Filosofía en el Instituto 82. Además, desde hace nueve años presto un servicio en la Iglesia como diácono permanente en la Diócesis de Laferrere.

Yo no conocía la Obra pero siempre me quedó grabada una persona allegada que me hablaba de que había llevado la foto de su hija a un cura sanador que estaba en González Catán, y que regresó contenta con unas palabras que le dijo. Me quedó muy grabado ese nombre, Mario.

Pasaron unos años y uno de mis primeros destinos como diácono fue ir a bautizar a la Capilla Cristo Caminante donde me decían que había muchísimos bautismos. Y es así como los sábados a la mañana iba a bautizar y llegaba antes o me quedaba un rato después y me iba llamando la atención todo lo que había alrededor, o sea, la existencia del Mausoleo del Padre Mario, las personas que visitan la Obra, y de a poco me fueron explicando el sentido de la obra.

A medida que fui conociendo la Obra, ya trabajando como profesor de filosofía, fui encontrándome ante algo muy grande y no solo a través de lo edilicio sino a través de la historia, a través de los testimonios. Algo muy grande: cómo se pudo materializar el sueño y la voluntad de un hombre, con limitaciones como tenemos todos los hombres. Pero ese sueño que podía parecer inalcanzable, independientemente de ponerlo en manos de Dios, él se movió para que muchas personas de distintos estratos sociales, de distintas creencias y de distinto poder económico pudieran materializar ese sueño. De modo que cuando uno ve la Obra, no ve únicamente ladrillos, sino que también ve una fuerza del que sueña y una fuerza de la voluntad de quien quiere que el sueño se haga realidad.

Cuando me pienso como parte de la Obra, mis sentimientos son muchos como son muchas las personas que se nutrieron de la presencia del Padre Mario y de todo lo que el Padre Mario dejó. Pero, fundamentalmente, hay un sentimiento que es el sentimiento de la responsabilidad. Responsabilidad en el sentido de lo que ya está sembrado: lo que el Padre Mario dejó tiene que seguir ramificándose, tiene que seguir produciendo esas nuevas ramas, ese nuevo follaje, que dependen de un solo tronco y con una sola finalidad: la finalidad de proteger, de cobijar, la finalidad de dar quizás un momento de respiro de aire fresco, de ese aire nuevo, de algo que reanima, de algo que pone de pie, algo que se puede contemplar. Hay un compromiso realmente grande. Ya está construido, la responsabilidad es cuidarlo y hacer que dé frutos.