
Beatriz Emilse Tribuiani
En el mes de febrero Emilse Tribuiani cumplirá 20 años como directora del Jardín de Infantes de la Obra. En su testimonio nos regala algunas anécdotas vividas junto al Padre Mario, y afirma: “Quien conoció este barrio antes de que estuviera la Obra del Padre Mario, se dará cuenta de que está frente a un milagro”
En 1991 comencé a desempeñarme como directora, pero un año antes, en otro trabajo, dos compañeras me hablaban mucho del Jardín del Padre Mario, y me insistían en que me presentara para el cargo de directora. Así fue como me acerqué a la fundación. Recuerdo que pasaba por el Km. 31 de la Ruta 3, miraba hacia la Obra y sentía dentro de mí que iban a llamarme. Y me llamaron. Fue un sábado, a fines del año 1990, cuando tuve mi primer encuentro con Perla Gallardo. Estuve con ella durante toda una mañana. Paseamos por distintos lugares de la Obra, conocí la casa del Padre y el lugar donde celebraba misa. En esa charla sentí que con Perla nos conocíamos desde siempre. Y pasó algo fuerte cuando nos despedimos. A ella se le llenaron los ojos de lágrimas y yo me fui llorando, como cuando uno se despide de alguien a quien quiere mucho.
Otra vez estábamos en lo que hoy es el Museo, precisamente en el lugar donde están las vestiduras sacerdotales. Allí apareció el Padre Mario. Se me acerca, me mira y me dice: “y usted señora ¿qué piensa de esta Obra?”. Yo le respondí que era una Obra faraónica. Inmediatamente se fue caminando para adentro de la casa. En un momento, Perla se retira y al rato vuelve para decirme: “le pregunté al Padre y me dijo que sos buena persona, así que contá con nosotros. No hacen falta referencias, basta con las maestras que te presentaron”. Me fui sumamente emocionada.
Con el Padre viví experiencias simpáticas y profundas. Recuerdo sus visitas al Jardín, y los chicos corriendo detrás de él. Era la imagen de la gallina con los pollitos. Un día le ofrecimos una merienda y aceptó, pero enseguida fue a ver lo que hacíamos. Como estábamos pintando sillas, le dije: “Padre, no se vaya a sentar en la silla que está recién pintada, ya le traigo una, espere, no quiero que se ensucie“. Pero cuando llegué ya se había sentado, quedando su sotana color marrón manchada de pintura verde. Yo le traje algodón y agua ras para limpiarse, pero él me decía: “no te hagas problemas nena“. Así era el Padre. Lo hizo por la fatiga que sentía y su dificultad al respirar.
Tampoco olvido el mensaje que nos dio antes de viajar por última vez a Europa. Allí manifestó que la Obra no le pertenecía, sino que correspondía a una programación del Altísimo, y que él estaba cumpliendo con esa programación. “La Obra fue hecha para ustedes, decía a la comunidad, pero por programación del Altísimo“. Estas palabras me resonaron muchísimo. Y creo profundamente en esto: somos seres que tenemos una misión que cumplir, cada uno en su tarea.
En el año 2008 viví otra experiencia, muy dura, y fue cuando enfermé. Me diagnosticaron cáncer de mamas. Le pedí al Padre, que ya no estaba físicamente entre nosotros, que me pusiera en manos de los mejores profesionales. Después, y a dos meses de la intervención, de la que salí muy bien, tuve la posibilidad de soñarlo. El Padre era muy chinchudo, es cierto, pero cuando sonreía traía una paz que flotaba en el ambiente. Y el sueño trajo mucho de eso. Soñé que iba hacia él, y él, sin tocarme, generaba en mí una sensación de paz inexplicable. Jamás en la vida tuve una sensación tan grande como la que me daba su sonrisa. Era un sueño en el que había un mensaje de paz, de tranquilidad y sanación. Siento que le debo la vida.
Creo profundamente que él está presente en su Obra, y lo veo cada vez que realizamos un proyecto de trabajo, y en la pasión y el compromiso con que las maestras realizan su tarea. Es increíblemente sorprendente lo que puede hacer en un ser humano una pequeña semilla.
Quien conoció este barrio antes de que estuviera la Obra del Padre Mario, se dará cuenta de que está frente a un milagro. La universidad hoy es un hecho, era a lo que también el Padre quería llegar. Sin dudas, esto tiene que ver con una voluntad del más allá.


QUIERO DARTE MIS FELICITACIONES POR TUS 20 AÑOS EN LA DOCENCIA TRABAJANDO EN LA OBRA DEL PADRE !! YO TAMBIÉN SOY DOCENTE Y DIRECTORA DEL NIVEL PRIMARIO DE UN COLEGIO DE PINAMAR. VIVIMOS AQUÍ HACE MUCHO TIEMPO Y TENGO UNA HIJA CON CAPACIDADES DIFERENTES Y SIEMPRE QUE VIAJAMOS A BUENOS AIRES A LLEVAR A NUESTRA HIJA A CONTROLES MÉDICOS, VISITAMOS LA OBRA DEL PADRE MARIO Y PASAMOS EL DÍA JUNTO A NUESTRA FAMILIA. TAMBIEN LLORO CADA VEZ QUE ESTOY ALLÍ. TODO EMOCIONA… !!! LOS FELICITO Y LOS QUEREMOS MUCHO !!! FELICIDADES !! QUE TENGAS UN EXCELENTE AÑO !! JUNTO A TU EQUIPO DOCENTE !!!
Obra maravillosa, placer inmenso de saber que sigue progresando. Agradezco al padre Mario su grandeza y bonomía. Personas comoo él no deberían morir jamás. Se que espiritualmente está. No obstante, reitero no deberían irse jámás.