Héctor Godino

Florencia FloresYo soy parte de la Obra

Héctor Godino, director del Instituto Superior Pbro. José Mario Pantaleo

Conocí la Obra del Padre Mario hace unos diez años, cuando la UCALP, de quien era sede, necesitaba un profesor para la carrera de Administración y también para la complementación de la Licenciatura en Educación Física. La impresión de ese momento se mantiene intacta en mi memoria. Luego de recorrer una ruta en mal estado y unas cuadras no muy alentadoras, llegué a un espacio pleno de vida y sencillamente bonito. La diferencia fue notoria. Era la misma comunidad, sin embargo allí las cosas eran distintas. Fueron sólo algunos años donde pude compartir con estudiantes, algunos de ellos ya docentes salidos del profesorado, y apenas unos pocos del resto del personal. Una buena experiencia que bien había valido el esfuerzo, luego vendrían nuevos estudios y otras responsabilidades que me llevarían por distintos caminos.

Cuando en febrero recibí la propuesta de la suplencia en el cargo de la dirección del Instituto Superior, más allá del compromiso que implicaba el cargo, la sorpresa no fue una Obra con mayores proporciones, una ruta renovada, un tren impensado, unas calles apenas mejoradas, sino la sensación de volver. En estos días en que titularizo el cargo y que los persistentes compañeros de Comunicación lo incitan a uno, amablemente por cierto, a confrontarse con lo que significa “ser parte”, no puedo más que tratar de desentrañar todo lo que conlleva ese volver.

Del Padre Mario siempre me llamó la atención que pudiendo quedarse en lo litúrgico, entendió su tarea pastoral yendo más allá, atendiendo las necesidades de todos aquellos que encontraba, y esa gratuidad fue convocando a miles. Algo que se repite en tantos que hoy son parte de la Obra cuando no les basta hacer sólo su trabajo sino que buscan entregar algo más. Este ir más allá, esta gratuidad es la que genera una novedad que convoca.

No es extraño “ser parte”, es la experiencia de cualquier situación laboral; lo singular es, en ese proceso, no quedar convertido en un engranaje anónimo y descartable de una maquinaria, y al contrario, que ello implique un crecimiento de la propia personalidad. Este último resulta mi caso, de quien encuentra un ámbito donde esto es posible, una Obra signada por la gratuidad de ese gran hombre que fue el Padre Mario y que se hace viva en la labor de otros tantos que lo siguieron. Fue ese excedente el que en definitiva me convocó y me hizo aceptar con gratitud el desafío.

Se vuelve sólo a lo querido, lo demás, mero pasar.