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“Conocí al Padre Mario gracias a mi comadre Concepción Ramos.
Mi hijo había nacido con un problema madurativo, y  veníamos desde Capital –donde vivíamos- para que el Padre lo atendiera. Cada vez que él nos recibía, le pasaba la manito y me decía que me quedara tranquila. Eran muy pocas las palabritas que ne decía, pero a mí me emocionaban muchísimo.
Mi hijo hoy tiene 22 años, está bien y va a una escuela especial de Pontevedra.
Luego comencé a colaborar como voluntaria gracias a la señorita Elena Ramos, quien junto a  Concepción me ayudaban en todo momento con la medicación de mi hijo.
Ahora hace once años que vengo a la Obra todos los días.
Para mí la Obra significa muchísimo,  porque es lo que el Padre me dio, por eso yo  trabajo con el corazón. Actualmente estoy en la cocina del Centro Educativo la Huella, y  me enorgullece muchísimo poder darle el almuerzo y la merienda a los chicos.
Yo me siento orgullosa porque si no tuviera este trabajo no sé qué haría… Me quedaría en un rincón. Mi trabajo también es algo que se lo debo al Padre Mario.”

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