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Pablo trabaja en el sector mantenimiento del área Cultura. Es, además, quien busca las donaciones que recibe la Obra, como por ejemplo el pan y las facturas de la panadería Norte, que son repartidas cada martes y viernes en el patio de la Solidaridad.
Entrada ya la charla, nos cuenta: “cuando andamos por la calle, la gente identifica la camioneta por el logo de la Obra, entonces se acercan, algunos se ponen a llorar, otros nos piden folletos o nos preguntan cómo llegar a Catán. Esto muchas veces nos pasa en lugares donde yo creía que la obra no es conocida.”
La familia de Pablo fue una de las tantas que acompañó al Padre Mario en los primeros pasos de la Obra, y rescata la dimensión social de la figura del sacerdote.
“Hace poco volví a escuchar desde mi casa la campana de la iglesia, y recordé cuando mi vieja nos levantaba para venir a misa. Ella fue una de las primeras porteras de la primaria. Y cuando Miguel, el chofer del Padre Mario, no podía acompañarlo, mi viejo se encargaba de hacerlo.
En una oportunidad el Padre Mario fue a comer a mi casa, pues al lado funcionaba la junta vecinal que, entre otras cosas, se encargaba de la construcción de las veredas. Era para mantener al barrio, y se jugaba al voley o a la bocha. Todo era una fiesta. Gracias al padre Mario también llegó el gas al barrio. Recuerdo los corsos y la inauguración del asfalto. Donde ahora funciona el Cepas había una casita linda donde se despachaba el pan, y a veces hacíamos hasta tres cuadras de cola para comprarlo. Cuando los abuelos del CAM hicieron la primera cancha de bocha, en Santa Inés, el Padre vino con su amigo Pedrucho. Yo iba con mis abuelos Ángel y Francisco, y mi viejo”.
“El Padre era muy cuidadoso de las cosas. En una oportunidad se dirigió a mí, preguntándome: “¿qué hace esa luz prendida? Andá a decirle a quien esté que por favor la apague”, pues en ese lugar no era necesario su uso”.
Pablo recuerda al padre Mario como “una persona muy correcta que sabía lo que quería”.

Añorando aquellos primeros tiempos, agrega: “los tiempos cambiaron. Antes en el barrio se ordenaba la calle, se cortaba el pasto, se cuidaba. Ahora creo que no se piensa tanto en un bien común. En Catán no existe otro polo con tantas cosas para la comunidad como el que ofrece la Obra, y hay que cuidarla porque esto nos sirve para el barrio y también nos ayuda como partido. Hace unos meses estuve con unos de los chicos con quienes nos criamos juntos, y tenemos ganas de volver a generar todas aquellas cosas que se hacían para la comunidad”.