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Liliana Navarro

“Ojalá en nuestro país hubieran muchos Padre Mario”

 

Liliana es docente del instituto primario y de la escuela para adultos que funciona en la Obra del Padre Mario.

Nació en la ciudad de Buenos Aires y cuando se casó, se mudó con su esposo a González Catán.  Allí comenzó su relación con la Obra: sus 3 hijos se educaron en las escuelas de la fundación, y ella se formó como docente  en el instituto Superior, perteneciendo a la primera camada de maestros que egresaron. También conoció al Padre Mario, quien bendijo a uno de sus hijos que debía ser operado.

“El primer contacto que tuve con la fundación fue como mamá. En aquella  época, en el jardín maternal estaba Carlina Ramos, una mujer muy idónea y con una dulzura increíble. Uno pasaba por la guardería y era una santa paz. Ella tenía mucha paciencia con los nenes y cuando falleció fue una pérdida muy grande.

Por esos años, también recurrí al Padre Mario. Iban a operar a mi hijo más pequeño, Rodrigo, quien hoy tiene 19 años,  por una fisura palatina con la que nació. Quería que el Padre lo bendijera para poder ir tranquila a la operación. Hice la fila como todas las personas, un día jueves por  la mañana. Cuando el Padre llegó al lugar donde estábamos sentí que, como en las películas, las hojas dejaron de caer, los pájaros dejaron de cantar. Se produjo un silencio místico y  sentí que Dios estaba ahí, en las manos del Padre Mario, dándole la bendición a mi hijo. La operación fue todo un éxito y no quedaron secuelas a la vista.

En el año 97 comencé a estudiar la carrera docente que se iniciaba en el instituto Superior de la Obra y soy parte de la primera promoción de maestros. Esto fue posible gracias al apoyo y el acompañamiento de mi familia. Fue una linda experiencia, con docentes increíbles para quienes no tengo más que palabras de agradecimiento.

Actualmente me desempeño como docente de 5º grado del nivel primario y, por la tarde, como maestra de la escuela para adultos.

Agradezco al Padre Mario por su ejemplo, por la Obra que nos dejó y por sus enseñanzas que uno todavía  sigue desgranando.  Se  ve a  muchas personas que hablan pero que no obran. En cambio el Padre no hablaba mucho, él obraba, y cuando hablaba sus palabras eran precisas. Además tenía una visión de futuro que admiro. Porque aquí no había nada cuando comenzó su Obra  y, guiado por Dios,  supo claramente hacia donde iba.  Hacer el bien era su anhelo y lo logró con creces. Ojalá en nuestro país tuviéramos muchos Padre Mario. Sin dudas fue un elegido de Dios”.

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