Administrativa de la Policlínica Cristo Caminante
“Este año cumplí 28 años y hace 19 que estoy en la Obra ¡Más de la mitad de mi vida! Llegamos con mi familia desde Capital a González Catán a principios de los ´90, y desde entonces todo fue mucho mejor para nosotros.
Aquí tuve la posibilidad de ser la persona que soy, y creo que esto es lo más trascendente del trabajo de la fundación: poder acercar a otra realidad diferente, porque la Obra es un oasis de cultura en la zona.
Comencé a estudiar acá en segundo grado, y nació en mí un profundo amor por el arte: participaba en el taller de teatro y visitamos el Teatro Colón. Luego, como integrante del Coro, cantamos en el Teatro Cervantes, en el Salón del Congreso de la Nación, en la iglesia del Pilar, en Mendoza y en Brasil. Junto a mi esposo, en ese entonces ambos éramos adolescentes, participábamos de toda la movida cultural de la Obra.
También siento que somos una gran familia. Mi mamá trabaja en el CAM, y cuando los abuelos vienen a atenderse a la Policlínica me saludan y hasta me regalan flores. Tuve la suerte de desempeñarme en otros sectores: como voluntaria en el área Cultural, recibiendo donaciones durante el fin de semana.
Mi hijo está en la guardería desde los 6 meses y Estela, que está allí desde hace 25 años, es su segunda mamá. Es una continuidad de amor que va trascendiendo la institución.
Por eso, cuando en mi lugar de trabajo oriento a alguien para que logre superarse, siento que es el Padre quien sembró este deseo solidario en las personas que trabajamos en su Obra.
Aunque lo conocí, en su momento no tuve la dimensión de lo importante que era: el Padre Mario marcó un camino y un destino para muchos de nosotros”. |


