
La Obra se parece al Padre Mario o, por lo menos, a la imagen que me ayudaron a construir de él. No puedo disociar su color del de las calles de cualquier pueblito de la Toscana. Es una obra hecha por un inmigrante, espacios gigantes, cómodos, en los que cabemos todos, con esos tremendos ladrillos que le regalan solidez. Mis abuelos italianos estarían orgullosos de ver trabajar a su nieto en la casa de un paisano suyo.
El trabajo en la Obra se parece a Perla, siento que el aire se mueve con su voz. Siempre están pasando cosas al punto que ni lo rutinario parece rutina. Todo cambia a cada momento, y cuando parece que las tareas se están saliendo de su cauce, en realidad, no es así: en un instante, el relato vuelve al sendero por el que transitaba y vuelve la calma. Si a veces hasta las discusiones son divertidas. El aire que se respira acá tiene los mil matices que sólo Perla puede manejar con su voz, con sus gestos.
Un recuerdo: Perla, el día que conocí la Obra, llevándome a recorrer los edificios, el paso firme, la mirada transparente, sin vueltas, sin medias tintas, fascinada con mi apellido, explicándome cada uno de los detalles, contándome anécdotas muy divertidas del Padre Mario, riéndonos como locos.
Trabajar en la Obra es un buen consejo para que te cambie la vida: un día le pedí al Padre Mario por la salud de mi padre y los médicos no encontraron el tumor que ayer tenían a un bisturí de distancia. Diez años más pude disfrutar a mi viejo. Un día encontré a la mujer de mi vida (es mentira que el amor está a la vuelta de cualquier esquina: estaba en la sala de profesores). Un día me enteré que iba a ser padre cuando estaba saliendo de un aula y los chicos festejaban como si hubiéramos ganado el mundial. Un día bautizamos a mis hijas en la capilla y terminaron llevándolas en andas (Brenda llorando como heroína de telenovela, Yamila saludando como rock – star).
Trabajar acá me cambió la vida, definitivamente. Formé una familia, trabajo con alegría, tengo compañeros que son amigos entrañables, tengo alumnos de los que me siento orgulloso. ¿Qué más puedo pedir?


Hermoso relato,emotivo y lleno de amor a la obra.Espero poder ir un día a conocerla y visitar el mausoleo del padre,hace tiempo que tengo deseos de hacerlo.Será como tenerlo un poco a él cerca.Sigan haciendo crecer su obra,es muy necesaria socialmente y también en lo espiritual.Saludos a todos.
Fabián, muy bueno tu testimonio !!!! Muchas Felicidades !! y…claro que tu apellido es muy fascinante! saludos de una “habitué” del Santuario y devota del Padre Mario