El pasado 14 de junio falleció Elena Ramos, quien fuera, desde los inicios de la Obra del Padre Mario, una colaboradora incondicional e infatigable.
Había nacido en Mendoza y vivía en la Capital Federal, cerca de la casa de la calle Artigas, donde atendía el Padre Mario, cuando hace cuatro décadas conoció a nuestro Fundador y a Perla, acompañando a una muchacha discapacitada que acudía buscando sanación.
Ayudó a nuestro sacerdote fundador y a Perla Gallardo realizando innumerables actividades allí dónde se la necesitara. Fue una de las primeras maestras de nuestra Escuela Primaria. Durante años le preparó la comida al Padre Mario. Organizó rifas, fiestas, almuerzos, ferias, para que la Obra creciera.
Gracias a Dios, pudimos homenajearla en vida: hace algunos años fue nombrada “Mano Solidaria”, distinción que la Obra del Padre Mario entrega, anualmente, a aquellas personas comprometidas con su misión y su accionar.
A Elena la recordaremos siempre por su enorme vocación de servicio. No sabía estar de brazos cruzados. Y los muchos que la conocimos de cerca guardaremos en nuestros corazones sus muecas cómicas, su memoria asombrosa, su reto escueto y constructivo cuando no hacíamos algo bien, su sana costumbre de levantarse al alba, su comida exquisita, sus ojazos achinados cuando se tentaba y reía, su abrazo efusivo cuando nos felicitaba.
Cientos de amigos, compañeros y familiares la acompañamos en la misa de cuerpo presente que el Padre Juan celebró en la Capilla Cristo Caminante.
Que descanses en paz, queridísima Elena.
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Marcela Flores (Secretaria Institucional del Área Educativa): “Cuántos recuerdos se me vienen a la memoria sobre Elena… Ella fue mi primera maestra en la Escuela Primaria de la Obra cuando comencé el 2º grado en 1988 (antes iba a otra escuela). La foto en la que estoy con Elena fue tomada en el acto de cierre del ciclo lectivo de ese año. Elena era un ser adorable lleno de luz. Ella consiguió que en ese festejo todos los padres nos ayudaran a representar la obra de teatro Pinocho. Cuando encontré la foto y presté atención a lo que Elena tenía en su mano, me di cuenta de que se trataba de una mecanizada (registro de los sueldos docentes). Parecía que mi destino estaba marcado… Hace más de 10 años trabajo en la Administración del Área Educativa en la liquidación de los honorarios de los docentes de la Obra del Padre Mario.”[/stextbox]
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Selma Henry (colaboradora de la Obra): “Por estos días me pregunto qué vínculo tengo yo con Elena. Y encuentro que el vínculo que siento es el de hermandad, éramos como hermanas, con un vínculo de mucha unión. La voy a recordar como una persona clara, llana. También era una persona muy discreta y ordenada. Es decir, no le puedo encontrar ningún defecto ni nada que la rebaje como persona. Recuerdo su carácter fuerte y su gran sentido de la honradez, pero no hay nada que la disminuya como persona porque fue una grande.” [/stextbox]
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Alicia B. M. Berwart (Profesora de pintura en los Talleres Artesanales del CePAS) escribió en una carta: “Fuiste una gran mujer. Junto al Padre Mario y a Perla Gallardo, fueron los pilares de esta Obra maravillosa que cada año crece más. Tu figura se destacó siempre como eterna colaboradora: fuiste la encargada de alimentar a tantos en el comedor “El Retoño”, un lugar lleno de risas de los niños a los que tratabas con amor de madre, siempre suave, siempre atenta. Hoy llegó el momento de tu descanso eterno. Dios te recibirá y calmará tus dolores porque te llegó la hora de la paz. Tu paso por este lugar está lleno de tus huellas que quedarán para siempre en la memoria de todos aquellos que te conocimos y te recordaremos como una gran mujer. Por eso, con todo respeto y admiración, te guardo en mi corazón para siempre.”[/stextbox]
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Hugo González, administrador general de la Obra, escribió: “¿Cómo expresar en pocas palabras todo lo que has significado para mí en estos últimos años? Siempre admiré tu honradez, tu lealtad a los amigos y el enorme compromiso con el trabajo y la OPM. Recuerdo esos almuerzos tan ricos que preparabas y esas largas charlas en las que me contabas cómo se iba construyendo este sueño del Padre Mario, con el que tanto tuviste que ver, ¡el que tanto me llega en mi tarea diaria!
Estos últimos tiempos han sido muy difíciles para vos, sin embargo, nunca bajaste los brazos, siempre con contagioso optimismo. Acompañarte fue para mí un regalo invaluable que nunca dejaré de agradecer a Dios. Entendí que era tiempo de que algo de lo que tanto diste te retorne y me resultó muy gratificante ser parte de ello junto a muchos otros que tanto te quisieron. Me queda grabada tu cara de alegría cuando entraba a la clínica a visitarte, tus gestos, ese saludo efusivo y el abrazo a tu “adoptado”, como me decías.
Siempre digo que los seres que ya no están permanecen vivos dentro de nosotros: en nuestros sentimientos, pensamientos y acciones. Y sin dudas vos lo estás en mí. Me has hecho mejor persona y hoy puedo ver muchas cosas de manera distinta gracias a tus consejos.
Aprendí a quererte y un dolor inmenso me invadió tras tu partida, aunque yo sé que tenés ganado un pedacito de cielo junto al Padre Mario.
¡Hasta siempre mi viejita querida!
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