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Damian Passarella

“Siempre se abre una puerta estando aquí”

Llegué a Buenos Aires desde Cinco Saltos, Río Negro, en 1997 y al año siguiente ya formaba parte  de la  gran familia del Padre Mario Pantaleo.   Me desempeñé en sus distintos sectores  y tuve  el placer de verla crecer y de ser parte de algunos de los grandes cambios que se produjeron en este tiempo.   Tuve la suerte de contar  con buenos jefes, como es el caso de Gabriel Laurino, quien me guió  en este camino y  al que aún sigo consultando.

En mi paso por la Plaza de Artes y Oficios, el contacto  con responsables de  empresas amigas   alimentó  mi espíritu emprendedor. Fue así que,  junto a mi esposa Romina, me  lancé  a la aventura del negocio propio. Contaba con mi  experiencia como camarero,  bartender y una profunda  vocación de servicio.

Todo esto me llevó  a la apertura de un bar en González Catán, llamado Santo, con un concepto distinto a los bares ya existentes en la zona.  Pensaba que si el Padre Mario logró construir  tan magna Obra en González Catán – que aún sin su presencia física continúa creciendo –, yo tenía  que poder abrir un pequeño bar aquí. Y así  fue. Lo logré y aún permanece. Con el tiempo, abrí otro bar en Laferrere , llamado Gregorio , y más tarde,  obtuve la concesión del buffet en la Obra, “El Retoño” nombre que le  adjudicó el Padre Mario.

Estar dentro de esta inmensa Obra me dio la oportunidad de contactarme con mucha gente y el diálogo con ellos me permitió conocer al Padre, su forma de pensar, su proyección en González Catán, su amor por el prójimo… ¡y  sus milagros!  Además de su  empuje, su  esmero y la certeza de que las cosas pueden cambiar. Nada es IMPOSIBLE. Siempre se abre una puerta estando aquí,  ¡el Padre se encarga de eso y no deja de sorprendernos!

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