En 1981 no conseguía vacante para inscribir a mi hija Mariana en el Jardín y las hermanas de San Mauricio me dijeron que fuera a la Obra del Padre Mario. Me acerqué y logré inscribirla. Así comenzó mi relación con esta inmensa y maravillosa Obra.
Con mi marido Luis trabajábamos en el barrio para la Junta Vecinal Puerto Argentino y el Padre Mario se había enterado de nuestras acciones. Cuando hacíamos algo, hablábamos con Elena Ramos para pedir la colaboración de la Obra. Siempre tuvimos una buena respuesta a nuestros pedidos. Para el Día del Niño nos daban chocolate, azúcar y leche para la chocolatada de los chicos. Un día de Reyes, el Padre Mario mandó a Miguel Hernández con una camioneta llena de juguetes para los niños del barrio.
Cuando el Padre Mario inauguró el asfalto que lleva su nombre, nos pidió que lo ayudáramos a organizar la fiesta. Después de la Misa que él celebró ese día, se acercó muchísima gente. Casi todo Catán estaba en la fiesta.
Desde que empecé a trabajar en la Obra, en 1988, siempre lo hice con alegría, por tener un empleo cerca de mi casa y de mis hijos. Empecé a trabajar como portera y también ayudé a preparar el matecocido para los chicos porque en ese tiempo se repartía el desayuno y la merienda en las aulas en los dos turnos, mañana y tarde.
Los viernes a la tarde baldeábamos y encerábamos todo para dejar preparado el colegio para el lunes. Venían muchas mamás a ayudarnos. Nos quedábamos hasta las 23 hs pero no sentíamos cansancio. Al otro día cuando me levantaba no sentía ni un dolor. Lo hacíamos con alegría. Más tarde fui la encargada de cobrar las cuotas de las escuelas hasta el año 2013.
Al igual que mi marido, me siento muy agradecida por lo que ha significado el Padre Mario en nuestras vidas.También tenemos que agradecerle por haber cumplido con su palabra cuando le llevamos la foto de mi suegro que estaba enfermo de cáncer. El Padre nos dijo que no podía hacer nada para curarlo pero que no iba a sufrir. Mi suegro no sintió dolores, no sufrió la pérdida del cabello y tampoco debilitamiento durante el tratamiento.
El Padre nos dejó su casa para que la cuidemos quienes trabajamos en ella, quienes estudian y quienes estudiaron y ahora llevan a sus hijos a la escuela. Recuerdo que, en el último cumpleaños de Perla que celebramos con el Padre Mario, él nos pidió que la acompañemos porque él sentía que ya no iba a poder estar físicamente pero que seguiría con nosotros espiritualmente. Y así lo hacemos y él también cumple con su palabra.
Ana Schnutz
DNI 11.107.578
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El merecido homenaje para Ana

Muchos años de trabajo dejan compañeros, amigos y un sinfín de anécdotas. Muchas de ellas, se recordaron en el almuerzo que la Administración del Área Educativa organizó en “Las Palmeras” para agasajar a quien Perla Gallardo describió como “una gran trabajadora que se mostró fiel a la misión del Padre Mario”.
En compañía de su familia, Ana Schnutz se emocionó cuando expresó: “El Padre Mario cambió nuestras vidas. Me siento muy feliz por haberlo acompañado en su Obra que es como nuestra segunda casa.”
Ana recibió una placa como reconocimiento por sus años de labor incansable y un cuadro con un collage de fotos de sus pasos en la Obra. Pero no podía faltar su marca registrada: un papel con el sello de “Pagado” y su firma característica que plasmaba en los recibos de cobro de cuotas.
¡Te extrañamos, Ana!
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