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Zulema Prieto

Prosecretaria del Instituto Superior Pbro. José Mario Pantaleo

DNI: 12.580.910

Conozco al Padre Mario desde que yo tenía 14 años, hace 44. Lo conocí personalmente porque tenía un tío muy enfermo de cáncer y vinimos a verlo. Después mamá siguió acercándose a la Obra junto a sus amigas y yo jamás imaginé que iba a trabajar aquí. Hasta que hace 15 años, cuando estaba pasando por momentos difíciles y necesitaba conseguir otro trabajo, pensé en llamar a Gustavo Bareilles con quien había trabajado en un instituto de Pontevedra. Estaba tratando de contactarme con él y uno de esos días, después de años de no vernos, me lo encuentro casualmente (aunque estoy segura de que en eso también tuvo que ver el Padre Mario) en la Estación de González Catán. Y ahí me explica que el Instituto Terciario había crecido muchísimo en cantidad de alumnos y que necesitaba alguien para asistir en la secretaría. Así que al poco tiempo empecé a trabajar acá y la vida me cambió… ¡y cómo me cambió! Mi hija se recibió en este Terciario y hoy es una gran profesional, y trabajando aquí me enteré que iba a ser abuela y hoy tengo a mi hermosa nieta Mariana.

Lo que más me gusta de trabajar en la Obra del Padre Mario es el grupo que conformamos en el Terciario que, si bien tenemos asperezas como puede ocurrir en cualquier lugar, esas asperezas se liman rápido y pronto volvemos a lo mismo, a la camaradería, al buen trato, a escucharse. Todo eso que pasa acá hace que yo venga a trabajar todos los días con felicidad. En este lugar encuentro una contención que no es fácil de hallar en otro. Por todo eso siento cada día el orgullo de ser parte de la Obra del Padre Mario.

“El Padre Mario daba todo para la comunidad”

Al principio, mi tío venía siempre a ver al Padre Mario, pero con el paso del tiempo se fue deteriorando y ya no pudo levantarse de la cama. Así que no pudo curarse porque cuando los médicos descubrieron la enfermedad, el tumor ya estaba muy avanzado, pero el Padre Mario logró algo maravilloso que fue aliviar sus últimos momentos. Como él no podía venir hasta la Obra, era el propio Padre Mario quien pasaba por la casa de mi tío para visitarlo y en cuanto el Padre estacionaba el auto en la puerta, mi tío se incorporaba y sonreía. No me olvido más. Mis tíos tenían un buen pasar y un día mi tía le preguntó al Padre cómo podía pagarle, pero él nunca aceptó. Entonces como tenían campo en Pehuajó, cada vez que viajaba le traía huevos y gallinas que Don Mario repartía entre quienes más lo necesitaban acá en Villa Carmen. Todo para la comunidad, jamás se quedó con algo para sí mismo.