EducaciónSoy Parte

Empecé en Jardín Maternal en medio de juegos dentro de un vagón de tren que se había instalado, de modo emblemático, como una sala más de aprendizaje. Tal vez hoy, a la distancia, dicho vagón actúa como analogía de un viaje que arrancó hace más de 25 años y que me pone como protagonista de mi propia historia. Nada sabía en aquellos tiempos que pasar por las Escuelas de la Obra me llevarían a formar parte de un espacio bendecido por las manos del Padre. Pasé por Primaria y Secundaria, junto a mi hermana Gabriela, pensando en no querer salir de las aulas y los pasillos por tanto cariño que habíamos recibido.

Con una familia que siempre nos acompañó aprendimos que, además de contenidos, habíamos adquirido valores que tal vez en otros lugares difícilmente hubiésemos incorporado. Recuerdo la articulación con nuestros compañeros de la Escuela Especial Santa Inés o el cuidado que solíamos tener cada vez que visitábamos a los abuelos del C.A.M.

Cuando concluyó mi recorrido como estudiante decidí seguir la carrera de Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Matanza. En medio de ese trayecto, y una vez recibida de Periodista, Claudia Bueno, quien entonces era Vicedirectora de la Escuela Secundaria, me llamó para hacer una suplencia. Sentí que la mano del Padre me guiaba hacia una profesión impensada. La vida me estaba sorprendiendo porque siempre quise trabajar en la escuela de la que egresé, pero algo mejor me esperaba,  ya que desde ese momento había encontrado mi vocación. Decidí, desde el rol de educadora, devolver lo que tanto habían hecho por mi vida… Repentinamente, quien había sido mi Directora como alumna, Graciela Rossi, junto a los profesores que tanto me habían enseñado y respetado se convirtieron en compañeros de una aventura que hoy, 9 años después, me brinda aprendizajes y momentos de mucha alegría.

Hoy, es mi hijo Joaquín y mi sobrina Milagros, quienes están a punto de dejar Jardín para pasar a Primaria. Sin embargo, no se olvidan de ese vagón de tren que les permitió de pequeños imaginar que cada día podían emprender un viaje distinto. Además, son ellos quienes, con 5 y 6 años, reconocen la figura del Padre Mario y piden su bendición a diario. ¡Yo, ya me siento bendecida!

El Padre continúa vivo en mis recuerdos…

Cada vez que tengo oportunidad les cuento a los chicos cómo era el Padre. Haber estado tantos años como alumna me brindó la posibilidad de haberlo conocido, de haber estado cerca de él en muchas ocasiones, de haberlo escuchado… Recuerdo su presencia por los pasillos de la escuela, sus misas y su bendición el día que tomé la Comunión. Las mañanas no lo eran si no veíamos gente haciendo largas horas de fila para verlo. Hoy, casi a diario, el Mausoleo es el espacio en el que, junto a mi familia, encontramos paz. Él está presente en cada uno  de los que pasaron por la Obra pero también lo está en aquellos niños que no lo conocieron y que se alegran de escuchar tantas anécdotas del Padre Mario para empezar a sentirte parte de una Obra que trasciende generaciones.