Empecé a venir a la Obra cuando tenía 6 años. Me trajo mi mamá porque buscábamos una vacante para la escuela primaria. Vinimos 3 ó 4 veces y yo pensaba para qué me quería traer a un colegio tan grande. Y no conseguimos vacante. Volvimos a intentar en 2° grado y tampoco, hasta que en 3° lo logramos. Como mi mamá trabajaba en servicio doméstico y la escuela tenía en esa época doble jornada, la OPM le permitía que nosotros estuviéramos cuidados mientras ella iba a su trabajo. Así que ahí empezamos: mi hermano en 2° y yo en 3°.
Y ahí seguí y ya no me fui más. Hice toda la primaria, después la secundaria, el terciario y me recibí en el colegio universitario como Licenciada en Administración. Así que prácticamente toda mi formación se desarrolló dentro de la Obra.
A su vez, mientras era alumna del Instituto Superior, hice una pasantía en el Centro de Día para Adultos Mayores y al poco tiempo, cuando se inauguró la colonia Toscana, empecé a trabajar como empleada efectiva.
Para mí fue una bendición porque mis abuelos viven en el interior y nos vemos poco. Y empezar a trabajar en el CAM significó que de pronto tenía… ¡60 abuelos, todos los días, todos para mí! Es realmente hermoso trabajar con los mayores.
De a poco las responsabilidades fueron cambiando y hace un año y medio empecé a trabajar en la Policlínica Cristo Caminante como Directora General Administrativa. Al principio fue difícil “despegarme” del CAM pero me gusta mi nuevo puesto, porque implica la posibilidad de nuevos proyectos y, además, significa nuevos desafíos y la posibilidad de otros servicios a la comunidad, que es lo que quería el Padre Mario y a lo que todos aspiramos.
Nunca trabajé fuera de la Obra del Padre Mario. Toda mi vida está acá, hasta gran parte de mis amigos están acá. Como siempre digo, la Obra del Padre Mario es mi vida, mi vida entera.
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“El Padre Mario siempre está presente”
Un recuerdo que tengo siempre conmigo tiene que ver con los primeros años de primaria, cuando teníamos el comedor en la escuela. A la mañana, teníamos las clases curriculares y antes de entrar a los talleres de la tarde íbamos al comedor y recuerdo siempre, con mucho cariño, a la señorita Elena Ramos cómo nos cuidaba y nos decía que teníamos que comer toda la comida que nos habían preparado. Yo no llegué a conocer al Padre Mario pero siempre está presente en mí por gente como ella y en las anécdotas que me contaron los abuelos y mis compañeros que sí lo conocieron.
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