DeportesSoy Parte

yosoyparte-RubenGarcia

Ahora soy profesor de fútbol en el Polideportivo Caminante pero durante mucho tiempo jugué en Laferrere y en Deportivo Cañuelas y al Padre Mario lo conocí, precisamente, jugando al fútbol.

Yo soy de González Catán y no me olvido más: acá no había nada cuando conocí al Padre Mario, eran todas calles de tierra, todo muy precario. Con la Obra parece que el centro de Catán se hubiera trasladado acá, pero en aquella época… El Padre Mario decía que esto iba a ser el centro de Catán y en alguna medida lo es.

A principios de los años ´80, con algunos amigos nos acercamos al terreno que estaba al lado de Tupasimí, donde todavía no estaba construido el Polideportivo, apenas si había un galpón donde nos cambiábamos. Ahí empezó a acercarse el Padre Mario, a hablar con nosotros, a contarnos que él quería hacer algo con los chicos, que practicaran deportes porque para él los chicos eran prioritarios y, ya en aquella época, él insistía con que había que sacarlos de la calle y que tuvieran la posibilidad de hacer una vida sana. Como siempre, un adelantado.

Entonces empezamos a organizar algunos campeonatos de fútbol para traer gente y de paso, aportar algo para la Obra que ya empezaba a crecer. También hacíamos peñas y festivales a los que venían el Padre y Perla. Eran épocas hermosas en las que después de un partido nos reuníamos con todas las familias de los jugadores y comíamos asados.

De ese modo se fue forjando nuestra relación con el Padre Mario hasta que unos años después, cuando se inaugura el Polideportivo y aunque el Padre ya no estaba, me convocan para formar parte de la escuelita de fútbol. Con pocos chicos, seis al principio durante bastante tiempo, hasta que empezaron a llegar cada vez más y más, y hoy los contamos por cientos. Y además están los que practican otros deportes.

Me acuerdo del Padre Mario con mucho afecto y cariño. A mí, a veces, me retaba, le divertía llamarme “Tola”. Era un tipazo que sólo pensaba cómo hacer el bien a los demás. Un verdadero santo. Tanto lo quería al Padre que cuando él falleció yo estaba con el tendón de Aquiles cortado pero vine a pesar de todo porque quería darle el último adiós.

Trabajo en SMATA donde tengo otras responsabilidades con el fútbol y los chicos pero yo sigo acá porque siento que es mi posibilidad de aportar mi granito de arena para que continúe lo que quería el Padre. Y, además, me siento orgulloso de transmitir a los niños los valores que este santo sostenía.

 

[stextbox id=”testimonios_20″]

Una anécdota:

Una vez estábamos en Tupasimí, al final de un campeonato de fútbol y habíamos hecho un escenario de madera, precario, con algunos elementos de construcción que había por ahí para poder premiar a los ganadores.

Y convocamos al Padre Mario para que entregara los trofeos. Cuando todos estábamos ahí arriba, de pronto, el escenario comenzó a inclinarse y nos fuimos yendo todos al suelo, menos el Padre que quedó solo, paradito en el medio con dos medallas en la mano y mirando para todos lados. Se lo tomó con mucho humor. Era admirable, maravilloso.

[/stextbox]