Su vida

Giuseppe Mario Pantaleo nació en Pistoia, Italia el 1 de agosto de 1915, en el N° 1 de la Piazzetta Santo Stefano.

La familia estaba compuesta por su padre Enrico, su madre Ida Melani y sus hermanos Andrés, Inés y Salvador. Don Enrico administraba bienes de la familia Pazzi, entre ellos la lujosa propiedad donde vivían.

Con los años las finanzas de los Pantaleo sufrieron un duro golpe, que sumado a la venta de la propiedad de los Pazzi y a la crisis de la postguerra, impulsaron a la familia a emprender viaje a Argentina, buscando un futuro mejor.

Llegan a Buenos Aires el 28 de enero de 1924 y se dirigen a Córdoba, donde Salvador, hermano de Enrico, estaba afincado junto a su familia. Los hermanos emprendieron algunos negocios juntos pero no prosperaron. Mario fue alumno en el Colegio Pio X de la ciudad de Córdoba, cursó 2° grado en 1926 y 3° grado en 1927, a mediados de 1927 es trasladado a Colonia Vignaud, Pcia. de Córdoba donde funcionaba un aspirantado salesiano para aquellos alumnos de escuela primaria que tenían intenciones de ser sacerdote. En 1929, Enrico enferma y junto a su esposa regresaron a Italia. En 1931, regresan Mario y sus hermanos, la familia vuelve a reunirse en Arezzo, Toscana, donde se habían afincado los Pantaleo.

En octubre de 1932, a la edad de 17 años, ingresa en el seminario Diocesano de Arezzo. Luego continuaría sus estudios en el seminario de Salerno. Los bombardeos a Salerno en la segunda guerra mundial y la situación política de Italia, fuerzan el cierre del seminario de Salerno, los seminaristas son trasladados a Matera. Para entonces el seminario de Matera ya no existía y el arzobispo toma a su cargo a los seminaristas trasladados alojándolos en la casa arzobispal. A ese seminario atípico se lo llamó seminario de guerra y allí termina Mario sus estudios y es ordenado sacerdote.

El 8 de diciembre de 1944 oficia su primera misa en Pomarico, donde estaba radicada su familia. En el pergamino que recuerda esa misa se consigna que está dedicada a su padre Enrico, fallecido poco tiempo antes, y a sus familiares y amigos.

El 29 de julio de 1948, llega a Buenos Aires, regresando para siempre a Argentina

Se entrevista con las autoridades eclesiásticas del país y es destinado a la iglesia de San Pedro en Casilda, provincia de Santa Fe. Luego será trasladado a Rosario, a la parroquia Nuestra Sra. de la Guardia y como capellán en el Hospital Ferriviario, posteriormente fue destinado a Acebal y luego a Rufino. Después de 10 años de misión sacerdotal en Santa Fe, en 1958 pide el traslado a la ciudad de Buenos Aires.

Allí se suceden varios destinos, en la Capellanía del Hospital Ferroviario y del Hospital Santojanni, y fundamentalmente en la Parroquia del Pilar, donde comienza a ser conocida por la sociedad de Buenos Aires su capacidad para diagnosticar y aliviar el sufrimiento físico y psíquico de las personas. A fines de los años sesenta esta virtud lo vuelve muy popular y la cantidad de gente que quiere entrevistarse con él torna difícil su permanencia en la Parroquia del Pilar.

En esos años el Padre Mario visitaba la periferia de Buenos Aires y, con sus pocos ahorros, compró un terreno en un barrio muy humilde del partido de La Matanza, González Catán y comienza a construir una pequeña casa.

A finales de la década del 60, conoce a Perla Gallardo, quien acude al Padre Mario buscando alivio a un problema de salud que la aquejaba. Perla se compone y junto a su familia decide ayudar al Padre Mario en lo que era su sueño, construir una iglesia y una obra social en González Catán.

Consiguen donaciones, compran un terreno, contratan obreros comienzan a construir. Colocan la piedra fundacional en 1972 de la Capilla Cristo Caminante. La construcción es terminada en pocos años, el 13 de octubre de 1975 es entronizada la imagen de Cristo Caminante, que da su nombre a la capilla. El Padre Mario oficia la primera misa el 8 de diciembre de 1975.

Ya entonces habían comenzado a funcionar servicios sociales para las personas del barrio. Comienza por los dos extremos del ciclo vital, una guardería para los niños del barrio que quedaban solos cuando sus padres salían a trabajar o a buscar trabajo y un encuentro permanente con los ancianos del barrio. Los niños crecieron, entonces pusieron en marcha la escuela primaria en espacios provisorios, mientras, construyeron el edificio junto con el de la escuela secundaria. Cuando la primera promoción egresó del ciclo primario y pasó al ciclo secundario, ya estaba terminada la escuela secundaria.

Además de Perla, muchos amigos se sumaron a la voluntad inquebrantable del sacerdote y con un método muy simple, seguir la realidad, las construcciones, los proyectos, los servicios para la comunidad, crecieron a un ritmo asombroso.

Entre 1976 y 1992, año de la muerte del Padre Mario, construyen gran parte de los 15.000 mts2 actuales. Además de las escuelas, pusieron en marcha la Policlínica Cristo Caminante, la Escuela Laboral para Discapacitados Santa Ines, el Centro de Atención para Mayores, el Polideportivo, etc. Crean dos fundaciones: la Fundación Pbro. J. Mario Pantaleo y la Fundación Ntra. Sra. del Hogar que configuraron la estructura legal y operativa.

Fueron años de un trabajo que no conocía límites de horarios, ni de esfuerzo. El Padre Mario Pantaleo se entregaba completamente a sus misiones, la misión pastoral y el alivio de los males de las personas y la construcción de la Obra. Demasiado para un cuerpo estragado por dificultades respiratorias desde la infancia.

El Padre Mario Pantaleo fallece en la Clínica de la Trinidad en la ciudad de Buenos Aires el 19 de agosto de 1992.

Miles de personas acuden a la capilla ardiente y acompañan el cortejo a su primer destino en el Cementerio de la Recoleta y otros miles a su destino final en su Obra de González Catán un año después, donde hoy descansan sus restos.

Naturalmente el Padre Mario Pantaleo era el “padre” de la Obra, era su guía, era a través de quién se conseguían las donaciones, era su motor espiritual y operativo. Los que llevaban adelante su Obra, que ya funcionaba con muchos proyectos y servicios, empleados, proveedores, beneficiarios, etc. entran en una fase de angustia por el futuro.

Los albaceas testamentarios, junto con los Consejos de Administración de ambas fundaciones, tomaron las decisiones oportunas para hacer sostenible una poderosa herramienta de desarrollo social y comunitario.

Se creó una estructura funcional basada en áreas operativas focalizadas en cada temática específica que abarcaban las acciones de la Obra: Educación, Comunidad, Discapacidad, Tercera Edad, Salud y Deportes.