VIDA DEL PADRE MARIO Y SU OBRA

Giuseppe Mario Pantaleo nació en Pistoia, Italia el 1 de agosto de 1915.
En 1924 él y su familia emprende un viaje a Argentina, buscando un futuro mejor. Llegan a Buenos Aires el 28 de enero y se dirigen a la ciudad de Córdoba.
Mario fue alumno en el Colegio Pío X y a partir de 1927 en el aspirantado salesiano de Colonia Vignaud, Córdoba. En 1931, la familia vuelve a Italia y se afincan en Arezzo, Toscana. En 1932, Mario ingresa en el seminario Diocesano de Arezzo. Luego continuaría sus estudios en los seminarios de Viterbo y de Salerno. La guerra obliga a cerrar este seminario y Mario termina sus estudios y es ordenado sacerdote en Matera. Oficia su primera misa el 8 de diciembre de 1944 en Pomarico, donde estaba radicada su familia.

El 29 de julio de 1948 regresa de manera definitiva a la Argentina. Las autoridades eclesiásticas lo destinan primero a la Iglesia de San Pedro en Casilda, provincia de Santa Fe, luego a Rosario, a la Parroquia Nuestra Sra. de la Guardia y posteriormente, como capellán, al Hospital Ferroviario, más tarde a Acebal y por fin a Rufino.

En 1958, luego de 10 años de misión sacerdotal en Santa Fe, pide su traslado a la ciudad de Buenos Aires. Allí se suceden diversos destinos, la Capellanía del Hospital Ferroviario y del Hospital Santojanni, y la Parroquia del Pilar.
Comienza a ser conocida su capacidad para diagnosticar y aliviar el sufrimiento físico y psíquico de las personas. A fines de los años sesenta esta virtud lo vuelve muy popular, siendo miles las personas que quieren y buscan entrevistarse con él. A todos recibía por igual, consolando, dando contención espiritual y en muchos casos llevando alivio a sus pesares.

Decía: «Yo soy la guitarra; el guitarrero está arriba, y es Él quien verdaderamente hace todo”.

Por entonces compró un terreno en González Catán, donde comienza a construir una pequeña casa. A fines de los ‘60, Aracelis “Perla” Gallardo, acude a él buscando alivio a un problema de salud que la aquejaba. Al componerse contra todo pronóstico, ella decide junto a su familia, ayudarlo en la construcción de una iglesia y una obra social en esa localidad de la provincia de Buenos Aires.

La piedra fundacional de la Capilla Cristo Caminante se coloca en 1972. El 13 de octubre de 1975 es entronizada la imagen de Cristo Caminante, que da su nombre a la Capilla y el 8 de diciembre de ese año, el Padre Mario oficia la primera misa.

Además de Perla, muchos amigos se sumaron a la voluntad inquebrantable de nuestro “padre fundador” y comenzaron a desarrollar servicios sociales para los habitantes del barrio.

Con un método muy simple, seguir la realidad, las construcciones, los proyectos, los servicios para la comunidad, crecían a un ritmo vertiginoso.

Entre 1976 y 1992, se pusieron en marcha gran parte de los proyectos actuales. Jardín de Infantes, Escuela Primaria, Escuela Secundaria, Policonsultorio, la Escuela Laboral para personas con discapacidad, el Centro de Atención para Adultos Mayores y el Polideportivo.

A pesar de su salud cada vez más endeble, el Padre Mario se entregaba completamente a sus misiones, la misión pastoral, el alivio de los males de las personas y la construcción de la Obra en González Catán.

En una de sus homilías, lo puso en palabras sencillas y de profundo sentido cristiano: “Porque estas cosas se han hecho y este lugar se ha hecho, en nombre del Señor”.

El Padre Mario Pantaleo fallece en la Clínica de la Trinidad en la ciudad de Buenos Aires el 19 de agosto de 1992. Miles de personas acuden a la capilla ardiente y acompañan el cortejo a su primer destino en el Cementerio de la Recoleta y otros miles a su destino final en su Obra de González Catán.

La Obra siguió creciendo sin pausa, se incorporaron nuevos proyectos como ser la formación en arte y oficios, formación universitaria, programa de vejez activa, educación no formal, entre otros.

Además, miles de personas se sumaron y siguieron acompañando el proyecto para cumplir con la misión: “Promover el desarrollo humano en González Catán a través de un modelo de redistribución solidaria, gestión de excelencia y calidad en los servicios”.

La Obra, que es visitada cada año por miles de personas, es un testimonio de Fe Cristiana. Es un lugar que ayuda a construir una comunidad que encuentra en el Padre Mario un camino para llegar a Dios.