María Celia López Costoya

SANYO DIGITAL CAMERA

Hace más de treinta años conocí al Padre Mario cuando acompañé a una amiga en la Primera Comunión de su hijo, que se celebraba en la Capilla Cristo Caminante. En ese tiempo yo no sabía que existía ese lugar, a pesar de que vivía cerca.

Recuerdo que ese día había muchísima gente y que por ello, ingresé a la iglesia por el acceso del costado, por donde hoy se encuentra el Mausoleo. Una monjita me vio y me preguntó si era familiar de uno de los chicos y le dije que sí, sin saber que esa respuesta me permitiría estar cerca del altar, a pocos metros del Padre Mario a quien no conocía.

Escuché con mucha atención sus palabras durante la misa que ofició y desde ese momento, comencé a seguir sus mensajes porque me gustaba lo que transmitían. En algunas ocasiones sus homilías me emocionaban hasta las lágrimas.

En cada encuentro religioso lo que más me importaba era recibir su bendición porque sentía paz y me hacía bien. Muchas personas nos retirábamos de la iglesia con esa sensación.

Cuando falleció, mi marido y yo nos acercamos a darle el último adiós en la Capilla Cristo Caminante. Hasta el día de hoy pienso que nunca hablé con el Padre Mario y que solamente escuché sus palabras.

Tiempo después, hace un poco más de 20 años, comencé a venir al CAM cuando funcionaba en el edificio de la escuela Santa Inés. Iba de vez en cuando junto a mi esposo, pero en todas las fiestas que se organizaban participábamos porque Marisa Parreira siempre nos tenía presente en las invitaciones.

Cuando perdí a una de mis hijas no concurrí al CAM durante tres años. Estaba muy angustiada por lo que no quería ver a nadie. Fue un golpe muy duro para mí. Pero un día decidí volver al menos dos días a la semana y no me fui más. Aquí estoy, junto al jardín que cuido para este lugar en el que me siento contenida, alegre y en el comparto muchas historias sobre mi paso por la Obra del Padre Mario, un recorrido que aún transito.

Una rosa para el Padre Mario

Entre las plantas del jardín que cuido con mucha dedicación para el CAM, hay una muy especial que traje de mi casa. Es este rosal de flores coloradas que dediqué a la memoria del Padre Mario. Ya tiene muchos años y pese a que varias veces estuvo a punto de secarse, vuelve a revivir. Creo que es el Padre Mario quien le manda energía porque él sabe que es su rosa.