Soy ParteTercera Edad

Julia Chancalay

Ramona Vallejos

Ramona Vallejos

Yo también soy parte de la Obra

Julia Chancalay (DNI: 3.468.263) y Ramona Vallejos (DNI: 917.357)

Concurrentes del Centro de Día Nuestra Señora del Hogar

Julia, de 94 años de edad, y Ramona, a punto de estrenar sus 84 años, son dos de las concurrentes del Centro de Día Nuestra Señora del Hogar (CAM), que vienen desde hace muchísimos años.

“Llegué porque quedé viuda por tercera vez y estaba muy triste. Ya había fallecido el Padre Mario y vine con una amiga. Se van a cumplir 23 años que vengo.”, cuenta Julia.

Ramona ya formaba parte de la Obra desde unos años antes y también había venido buscando consuelo ante la pérdida de un ser querido: “Cuando murió mi marido, en 1987, yo me quedé muy sola porque mis 4 hijos ya se habían casado. Me angustié, me sentí tremendamente sola. Y una vecina me propuso venir a ver al Padre Mario para que me fortaleciera la fe, porque yo no quería más vivir.”

Y aquí empezaron a sentir cómo sus vidas cobraban un nuevo sentido. “Vine y el Padre Mario me habló mucho, me devolvió la fe en la vida. Y me invitó a que viniera a tomar el té con él y un grupo de personas que se reunían en el quincho. Así que comencé a venir todas las tardes, éramos unas 20 personas.”, recuerda Ramona. Por su parte, Julia encontró “la alegría que estaba buscando. Enseguida me sentí querida, yo soy muy simple, muy sencilla, y me gustó de entrada la posibilidad de estar rodeada de tan buenos compañeros.”

Ambas pasan gran parte del día en el CAM. Julia cuenta que “me gusta todo lo que se hace acá. Disfruto cada cosa que vivimos con tantos amigos. Me gustaría hacer más gimnasia pero como ando mal de la rodilla ya no puedo hacer como antes. Así que jugamos a distintos juegos, charlamos. Antes me gustaba colaborar en el Museo en lo que hiciera falta pero ahora me cuesta caminar.”

Ramona es inquieta: “Yo estoy muy bien en el CAM porque hago todo lo que me gusta como  pintura, baile. Aprendí a tomarme la vida con alegría, no hay que vivir con tristeza sino con alegría, como me decía el Padrecito. A la mañana me gusta ayudar en el museo y a la tarde estoy haciendo todas las actividades del CAM porque estar activa me da alegría.”

De aquellas épocas junto al Padre Mario, Ramona recuerda que “él no hablaba mucho, sólo contestaba lo que preguntábamos, pero siempre encontraba la palabra justa que estábamos buscando. Yo lo veía a la tarde cuando el Padrecito estaba levantado desde tempranísimo para atender a tanta gente, así que a veces él estaba cansado pero igual seguía trabajando. Y también me acuerdo de cómo se reía cuando nos veía bailar, era feliz con la felicidad de sus amigos, un hombre muy generoso.”

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“Las enfermedades desaparecen si uno tiene fe”

Ramona cuenta que hace poco tuvo que volver a pedirle un favor al “Padrecito” como a ella le gusta llamar al Padre Mario: “Estoy más que agradecida con el milagro del Padrecito. Tengo muchísima fe en él, le pongo la foto todo el tiempo a mi hijo para que lo termine de curar. Mi hijo Juan, de 58 años, tuvo un ACV hace 15 días y perdió la memoria por completo pero ya está muy bien, y pudo recuperarla gracias al Padre Mario. El Padrecito me lo curó. El médico no lo podía creer, dijo: ‘por lo mal que estaba, esto es un milagro.’ Tenemos que cuidarlo mucho, pero este es un milagro del Padrecito.”

“Yo vengo rezando por mi hijo porque andaba mal de salud desde hace un tiempo. Él trabajó mucho desde muy chico como pintor de autos y parece que la pintura le fue dañando sus órganos, el hígado casi no le funciona. Y ahora está mal y se pregunta por qué le pasó esto, pero yo le digo que si los fierros se rompen cómo no nos vamos a romper nosotros que somos más frágiles. Tenemos que cuidarlo y darle mucho amor y fe que es lo que necesita para salir adelante. Sobre todo mucha fe. Por eso le rezo al Padrecito para que interceda ante Dios para que cure a mi hijo. Es lo que más quiero. Las enfermedades desaparecen si uno tiene mucha fe.”

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