Yo también soy parte de la Obra: María Ponce

María Ponce

Atención al peregrino

Llegué por primera vez a la Obra en el año 2006, como una peregrina más, con todas las cargas emocionales, con todos los sueños, desde mi casa en Florencio Varela. Y el padre Juan, que en ese entonces estaba a cargo de la parroquia, nos invitó a formar parte del coro y un tiempo después a participar de la secretaría de la Parroquia, así que empecé a venir dos veces por semana. También atendíamos los casamientos, ordenábamos la capilla. Pero también seguía viniendo como peregrina. Me sentaba en el jardín, tomaba mate al sol, rezaba, encontraba y encuentro en ese lugar una paz enorme.

Ya hacía años que venía cuando una noche en que estábamos ordenando la Capilla Cristo Caminante para un casamiento, me pasó algo especial: vi el Mausoleo todo iluminado, sentí un gran deseo y lo dije fuerte, en voz alta: “¡Ay, Padre Mario! ¡Cómo me gustaría trabajar en tu Obra para ayudar a la gente!”. Lo sentí en el pecho y lo dije porque era un deseo muy profundo.

Al tiempito, quebró la empresa donde trabajaba y perdí el puesto. Así que le pedí a mi hermana que me trajera el currículum y poco después me llamaron y empecé. Por eso siempre digo que para mí, estar acá es un sueño cumplido. Y es especial porque soy parte de algo grande en todo sentido.

Yo no llegué a conocerlo al Padre Mario pero empecé a quererlo al enterarme de su historia de vida y conocer la Obra que hizo, y con cada testimonio que escucho de la gente que viene, que para mí es un milagro del Padre Mario.

Siento algo muy especial al formar parte de esto porque veo personas que llegan con el alma rota y puedo ayudar a formar un poquito ese rompecabezas de ese alma rota, contribuir a unirla escuchándola, dándole un abrazo y que se vuelva con una sonrisa, en vez de llorando y desesperanzada. Saber que vos tenés la posibilidad de volver a armar a una persona. Para mí eso es muy importante. Yo lo tomo como si fuera una misión en mi vida, es mucho más que un lugar de trabajo.

Me emociona saber que, a los peregrinos, puedo darles un consejo y transmitir la fe de que Dios los va a escuchar y les va a dar ese abrazo que todos necesitamos del Señor. Porque yo misma, cada vez que llego acá siento ese abrazo de Dios y del Padre Mario. Hay días en que llego con una gran carga emocional y sentarme un ratito en el Mausoleo me genera una paz increíble.

En mi relación con la gente trato de ponerle lo mejor. A veces yo también tengo problemas grandes pero siempre tengo la precaución de dejar la mochila afuera y dar lo mejor porque somos una esperanza para alguien. Nuestras palabras pueden ayudar mucho más de lo que uno piensa. Por eso considero que estar acá para mí es una bendición.

La Obra del Padre Mario, para mí, es amor en movimiento, porque el amor se va moviendo, de uno a otro, de uno a otro. Y se multiplica y crece. Eso es la Obra.