Yanet Cruz

Yanet Cruz, empleada administrativa del Área Cultura.

Yanet Cruz, empleada administrativa del Área Cultura.

Nací en Jujuy y conocí la Obra cuando vine a vivir a González Catán. Yo tenía 8 años, mi mamá me traía y así fui conociendo al Padre Mario. A los doce, empecé la secundaria y lo recuerdo como un momento muy feliz porque mi mamá hacía un gran esfuerzo pero estábamos contentas porque era la escuela que queríamos.

Después, empecé a trabajar en la santería y a cursar en el Instituto Terciario de la Obra. Allí me recibí y después quise más y me anoté en el CUP donde me recibí de Licenciada en Administración de Empresas.

Siempre creí y confié mucho en el Padre Mario. Y en septiembre del año pasado, mi fe se puso a prueba: en un chequeo de salud de rutina, apareció algo que, cuando los médicos profundizaron, resultó ser un cáncer linfático. Me recibí de licenciada y al otro día me confirmaron la mala noticia. Así que lo primero que pensé fue “¿por qué a mí?”. Y enseguida crucé al mausoleo a pedirle al Padre Mario que me ayudara a llegar a Dios, que me diera fuerzas, que me ayudara a ordenar todo lo que estaba sintiendo, en definitiva, que no me abandonara.

Y las cosas se complicaron en pocos días, se trataba de un tumor muy agresivo, pero el querido Padre Mario, a quien le rezaba todas las noches, no me abandonó. En seguida los médicos dieron con el tratamiento adecuado y para fines de marzo empecé a tener mejores noticias.

Mi familia, especialmente mi mamá y mi novio, me dieron toda la fuerza y el empuje necesario, pero también mis compañeros de la Obra del Padre Mario quienes siempre estuvieron para alentarme, para acompañarme. E incluso, como Déborah Larrea, para hacerme reaccionar cuando yo decaía y sentía que no iba a poder superar la situación.

Por eso, cuando a fines de mayo me hicieron la última quimioterapia y la médica me dijo: “el tumor ha remitido”, me abracé a mis compañeros, llamé a mi mamá para contarle y salí corriendo a agradecerle al Padre Mario. Cuando todo empezó, yo me preguntaba “¿por qué a mí?”. Ahora entendí que Dios me puso esta prueba pero al mismo tiempo me dio todas las herramientas para que yo aprendiera: me dio a mis principales afectos, me puso buenos médicos en el camino, me dio unos hermosos compañeros y compañeras de trabajo, tengo al Padre Mario. Y aprendí mucho: hoy pongo los problemas en su verdadera dimensión y disfruto de cada momento que me regala la vida. Disfruto de tomar un mate con alguien a quien quiero, disfruto de un rayo de sol cada mañana.

Este 15 de septiembre se conmemora un nuevo Día Mundial de la Concientización sobre el Linfoma, y yo siento que puedo aportar algo desde mi lugar, acompañada por el Padre Mario.