Claudia Bueno

Yo soy parte de la Obra

Claudia Bueno, Vicedirectora de la Escuela Secundaria “Nuestra Señora del Hogar”

Llegué por primera vez a la Obra del Padre Mario Pantaleo un día de marzo, como hoy, pero de 1993. Hace exactamente 25 años. Esto significa que he pasado aquí la mitad de mi vida, siendo alternativamente docente y directiva y trabajando en la Escuela Secundaria y en el Instituto Terciario de la OPM.

En el año 1992 el Padre Mario fundó la Escuela Secundaria y convocó para organizarla y dirigirla al Profesor Hugo Tricárico, quien fuera uno de mis grandes maestros en el Profesorado de Matemática y Física. El Padre le pidió que armara una escuela especial, con un régimen académico diferente. Teníamos un solo recreo de media hora, nos manejábamos con la autodisciplina (no había timbres) y las aulas eran por materia, cada profesor tenía la suya y eran los alumnos los que iban rotando. La escuela funcionaba de mañana y, por la tarde, cada docente tenía un par de horas “extraclase” que permitían que los alumnos vinieran, por demanda espontánea, a consultarnos sus dudas antes de exámenes o pruebas.

Tan especial era esa secundaria que dábamos un título único en el país: “Bachilleres en Administración con Especialización en Seguridad Social”.
En 1992 arrancó sólo primer año. En 1993, cuando abrió segundo, Tricárico quería convocar ex alumnos suyos para cubrir las nuevas cátedras, pero pensaba… ¿No les quedará lejos González Catán?… ¿Lejos para quién? No para mí, que en aquel entonces vivía en Ciudad Evita.
Yo conocía González Catán. Pero cuando Hugo me llamó, en febrero de 1993, no tenía la menor idea de quién era el Padre Mario ni de la magnitud de su Obra.
Me acuerdo de aquella mañana de marzo en la que mi papá me trajo en su auto, por primera vez. Íbamos charlando y tomando puntos de referencia para cuando yo volviera sola en el 86.
Entramos por Barrientos y quedamos mudos de asombro al ver las escuelas de la Obra, la Policlínica, la Administración, la Iglesia. Imagínense, si es imponente ahora, lo que era hace 25 años. Las únicas calles asfaltadas –además de Barrientos- eran las de esas cuadras en las que estaban los edificios de la OPM. El Padre Mario ya no estaba pero su espíritu lo impregnaba todo.
Definitivamente, era un lugar mágico. Un lugar mágico que te enamoraba y te atrapaba para siempre. Una escuela pequeña, que funcionaba como un auténtico Hogar. En “Nuestra Señora del Hogar” todos estábamos en nuestra casa. Y me quedé. Enamorada de ese curita especial y visionario que había armado esa Obra maravillosa en un lugar donde era tan necesaria. Ese curita que no conocí físicamente, pero que conocí profundamente a través de su Obra y de la palabra de seres maravillosos como la enorme Perla y la fiel Elena.
Y fueron pasando los directores y la escuela fue cambiando… Y ya no fue tan especial en la currícula o en el régimen académico y se fue adaptando a los tiempos. Pero siguió siendo especial en la construcción de lazos y afectos.
En 1999, la entonces directora Graciela Rossi, me propuso acompañarla como vice. Todo un desafío que acepté con alegría. Junto a ella y Franca Franchi, la primera secretaria de la escuela, formamos un equipo sólido y trabajamos juntas durante 10 años. Franca me acompaña en la foto (es de 2007) y se que Graciela se va a poner celosa, pero no encontré una de las tres…
En 2010 partí de la Secundaria buscando nuevos rumbos de crecimiento profesional pero nunca me desvinculé de la OPM. Seguí dando clase en el Terciario (donde comencé en 2009) y seguí manteniendo los vínculos de amistad y compañerismo con ex alumnos y compañeros de trabajo.
Hoy, 25 años después de aquel primer día, vuelvo a mi cargo de vicedirectora en la Escuela Secundaria. Llegué, encontré un nuevo equipo con el que presiento que trabajaremos muy bien, y también encontré los afectos de siempre.
Ya no está Nilda Bogarín, que me hacía el cafecito y me prestó su pullover un día de lluvia allá por el 93. Pero están los demás, los de hace 25 años, los de hace de 10, los de hace 8, cuando me fui. Y están los exalumnos, que vuelven convertidos en profesores, o que ahora nos traen a sus hijos a estudiar en la que fue su Escuela Secundaria. Esos hombres y mujeres de bien que formamos durante 25 años.
Ese espíritu del Padre que todo lo impregna y esa gente linda que tuve el gusto de conocer aquí, y que sigo conociendo, es lo que hace que me sienta parte de la OPM. Y lo que hace que hoy yo también sienta, que he regresado al Hogar.