Walter Sipag: todo es posible con esfuerzo y conocimiento de uno mismo
El empresario Walter Sipag, dueño de Megaflex, hizo una promesa frente al Mausoleo que quiso cumplir con gratitud, y se acercó a la Obra para preguntar humildemente en qué podía ayudar. Por su trayectoria en el mundo laboral, desde la Plaza de Artes y Oficios convocaron a este exitoso hombre de negocios a un encuentro con nuestros jóvenes.
Nuestra Plaza de Artes y Oficios organiza encuentros entre sus alumnos y distintas personalidades del ámbito empresarial y social. El pasado miércoles 17 de marzo Walter Sipag, presidente de la Unión Industrial de Almirante Brown y dueño de la empresa Megaflex, contó su historia de vida a los jóvenes de nuestro Centro de Formación Profesional. Habló también sobre su experiencia en el mundo del trabajo, compartió interesantes anécdotas, y brindó claves para un desempeño laboral exitoso, remarcando la importancia de buscar constantemente la superación. “
Aquí me siento entre iguales”, dijo el empresario al comenzar la charla, haciendo referencia a sus orígenes humildes. Luego contó que a los diez años iba a la feria de Pompeya a vender aceitunas, entre otros tantos trabajos que realizó hasta llegar a su próspero presente. “Con el paso de los años sentí que necesitaba hacer un cambio. Quería dejar de ser un feriante y un changarín. Un paso trascendental, que me marcó un antes y un después, fue a los 18 años, cuando me puse una corbata para trabajar en una empresa como cadete de trámites. Cuatro años más tarde, llegué a vendedor.” Su formación en Periodismo y Comercio Exterior, unido a su espíritu tenaz y a su vocación innata para la venta, fueron las herramientas que le permitieron, junto a un grupo de amigos, crear la empresa Megaflex.
En su charla con nuestros alumnos, Sipag insistió en la importancia del esfuerzo y la superación constante, sin preocuparse tanto por el a dónde se quiere llegar, sino para dónde se quiere ir. Laexplicación, nos dice el empresario, es simple: “Es muy difícil que el ser humano esté en condiciones de divisar cual su meta, su punto culminante. Ese tipo de visión lo da generalmente el camino recorrido, o sea que uno va adecuando el objetivo a medida que las posibilidades lo permiten.
En cambio, la decisión del camino que se va a transitar es absolutamente determinante, y es algo que hay que refrendar con cada acto de nuestras vidas. Ese es el secreto de la superación”. Cuando le preguntamos cómo conoció la Obra del Padre Mario, nos dijo: “me trajo el Tano”, en clara referencia a nuestro fundador. Hubo una historia personal previa, y un agradecimiento vuelto promesa frente al Mausoleo. Walter sintió que el Padre lo había escuchado, y que ahora él tendría que preguntar cómo podía serle útil para colaborar con su sueño. Para él, como para tantos otros, el Padre Mario enlazó su camino con el de Obra.
Y al ofrecer algo con amor y generosidad, el sentimiento de gratitud se expande no solo en quien recibe, sino también en quien da. Las palabras de Walter así lo demuestran: “Estoy muy feliz de estar con ustedes. Esta fundación es maravillosa, y en ella es palpable cuánto puede el corazón del hombre cuando se propone algo, en este caso, el corazón del padre Mario




